Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) toma como punto de partida el incendio de la Cineteca Nacional ocurrido en 1982 para documentar un México entrado en la contemporaneidad, pero anclado en antiguas costumbres como la corrupción o el narcotráfico. El país de finales del siglo XX que comenzaba a ser blanco del asedio del crimen organizado a la vez de estar en las puertas del Tratado de Libre Comercio.

Esa historia, entre realidad y ficción, está contenida en su más reciente novela La tierra de la gran promesa (Literatura Random House), que toma el título de la película producida por Andrzej Wajda que se proyectaba en el momento del incendio donde se perdieron seis mil rollos de películas y quedó como una herida abierta, pues aún hoy se desconoce el saldo de muertos y el origen del incidente.

Villoro lleva al lector a este episodio para entrar a la vida de Diego González, el personaje protagónico de la novela, quien decide huir a Barcelona. Alrededor del incendio de la Cineteca Nacional, se desencadena una serie de sucesos propios del México surrealista, y que sirven a la distancia para reflexionar sobre la violencia, el crimen, la corrupción y otros males sociales.

“Este incendio marcó algo importante y no fue resuelto, es una herida abierta que exige que la reparemos con la imaginación porque nunca supimos realmente qué pasó, cuántos murieron, si fue accidental o fue provocado. Tal vez mi origen de sociólogo es lo que me llevó a pensar en los usos culturales del fuero, es lo que todo destruye, pero también el inicio de la civilización”, reflexionó el autor en la presentación del libro en el marco de la 35 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

En el trayecto de Diego, el protagonista, por su estancia en Barcelona también se topa con crisis de pertenencia; cómo estar en una ciudad que parece semejante a la propia pero no lo es. Una situación que el propio Juan Villoro vivió en 1997 cuando decidió migrar a España tras sufrir un asalto en su casa en la Ciudad de México.

Villoro, también cuentista, guionista y dramaturgo, experimenta con la escritura de guiones cinematográficos, un género que comienza a experimentar con proyectos ex profeso para televisión. Por lo que, en un sentido, su personaje es su alter ego sin que esa sea la intención explícita.

“Yo quería mostrar que mi generación estuvo inmersa en una oferta de las utopías, en que la idea de cambiar al mundo tenía que ver con una noción de lo absoluto, no solo se trataba de mejorar la realidad sino de transformarla por completo”, refirió el también autor de las novelas Arrecife y El apocalipsis.

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