Las motivaciones para que el PRI vote en favor de la Reforma Eléctrica del presidente López Obrador son mayores a las que tiene para sufragar en contra.

De entrada, hay que contextualizar dicha enmienda.

La oposición a la Reforma Eléctrica es, únicamente, de las grandes empresas y, claro está, de los medios cuyo presupuesto depende de la publicidad de estos.

La falsa disyuntiva de los medios en la actualidad: para sobrevivir, deben ser rameras. Una mentira para justificar, en realidad, un modelo que ha permitido enriquecerse a sus dueños y directivos, quienes viven entre lujos y así quieren seguir viviendo, mientras matan de hambre a sus reporteros. Los medios no necesitarían venderse a nadie, si esos dueños y directivos desaparecieran, y se entendiera que el periodismo no da para vivir en fraccionamientos privados.

Volviendo a la Reforma Eléctrica, es acertado el diagnóstico presidencial, respecto a la injusticia que representan las tarifas que pagan empresas multimillonarias, respecto a las que encaran pequeños comercios y ciudadanos en general.

Por ejemplo, las tiendas Oxxo en promedio pagan 1.80 pesos por Kw/h, comparados con los 3.10 pesos que pagan, en promedio, las tiendas de abarrotes; Walmart y Bimbo, pagan todavía menos: 1.70 pesos por Kw/h.

En contraste, los domicilios sin subsidio pagan 5.20 pesos por Kw/h, mientras que un hogar con subsidio paga 2.30 pesos por Kw/h.

Cada tienda Oxxo, en promedio, consume 7 mil 807 kw/hr, lo que representaría un monto de 40 mil 596.40 pesos; de acuerdo con Femsa, empresa propietaria de esas tiendas de conveniencia, su pago promedio es de 14 mil 52 pesos, así que pagan 26 mil 544.40 menos de lo que realmente gastan.

Una vez entendido el hecho de que la Reforma Eléctrica va en contra de los de arriba y su descarrilamiento solamente interesa a los ricos, veamos el panorama priista.

El PRI ha seguido una línea cuando es oposición federal, en el Congreso de la Unión: alinearse con todo aquello que sea popular entre las clases medias y bajas.

Recordemos como, en su día, el PRI se opuso a los intentos de Vicente Fox para colocarle IVA a los alimentos y medicinas.

Claro que, cuando el PRI es gobierno, toma medidas recaudatorias en inmisericorde prosa, contra la ciudadanía que creyó sus campañas en verso.

Y tampoco es que el PRI sea una oposición monolítica. Manlio Fabio Beltrones se convirtió en el rey de la negociación legislativa en el sexenio de Felipe Calderón, precisamente por su astucia para cerrar la llave cuando una reforma del panista no convenía a los intereses de su partido, o abrirla cuando la oferta lo ameritaba y no era un tema cuyo perjuicio entendieran los de a pie.

En este caso, confluyen otros ingredientes más.

El mamotreto llamado 'Va por México' ha empezado un desmantelamiento inexorable, de cara a 2024, porque sus integrantes poseen distintos patrocinadores e intereses.

Marko Cortés, líder panista, sigue llevando a cabo su trabajo de zapa en favor de ooootra candidatura presidencial de Ricardo Anaya, haciendo un partido todavía más chiquito y mediocre, para que esté a la medida de la ínfima estatura política del queretano, a fin de que, siendo tuerto, reine entre ciegos.

Anaya y sus patrocinadores, entre quienes se atisban, de forma relevante, Claudio 'X' y el dueño de Cinépolis, viven obsesionados con llevar a su cachorro hasta Palacio Nacional, aunque no tenga espolones para gallo.

Pero el PRI jamás irá con Anaya, causante, en gran parte, de su desgracia, como acucioso crítico de Peña, ventilando la corrupción de su grey, más aún que el propio López Obrador, señalamientos que, debe apuntarse, se sustentaban en la pestilente realidad.

El panista afirmó, en el segundo debate presidencial de 2018, que, a quien el PRI realmente deseaba quitar del camino, era a él y no a López Obrador. El tiempo le ha dado la razón

En cuanto al PRD, ya sin gubernaturas en su haber, se ha vuelto una rémora del PAN. El perredismo, sin pudor, todavía se dice izquierda, mientras acompaña al panismo en sus delirios, emulando esa relación simbiótica del Partido Verde con el PRI. "Amarillo azul, a media luz". Por eso, los otrora furibundos perredistas, como Fernando Belaunzarán, van tomando su lugar en el panismo, sin que a nadie le extrañe.

Así que "Va por México" se está convirtiendo en "Va por Anaya", que habrá de enfrentarse a "Va por Alfaro" y "Va por 'Alito'" o "Va por Del Mazo", dividiendo el voto opositor para que se cumpla, puntualmente, lo escrito por los profetas del Partido Demócrata estadounidense, y Morena gobierne seis años más, con los magníficos resultados que ha entregado... a sus padrinos: la conversión de México en el primer lugar mundial para el tráfico de personas, un tangible cliente para las constructoras y vacunas de la dictadura china, un defensor geopolítico de las dictaduras cubana y venezolana, y la previsible legalización de la mariguana. Con esas cuentas, ¿cómo no van a querer seis años más de Morena en la Casa Blanca?...

Luego, el 2022 ya está ahí. Y en el próximo año y 2023, los priistas se jugarán su viabilidad. La existencia del PRI se justifica mientras siga siendo negocio para sus líderes.

Y sin gubernaturas, el PRI dejaría de ser negocio...

En 2022, el PRI pondrá en juego Oaxaca e Hidalgo. En 2023, Coahuila y el Estado de México.

El PRI sabe que Oaxaca está perdido. Y no parece tener problema con ello. Sin embargo, Coahuila, Hidalgo y el Estado de México son cueva de relevantes castas políticas priistas: los Moreira, el grupo Hidalgo (Lugo, Murillo Karam, Osorio Chong) y Atlacomulco, respectivamente.

Hidalgo y el Estado de México son el pasado del PRI. Coahuila es el futuro, la última esperanza.

El Estado de México se ve, francamente, perdido. En 2020, el PRI paró a Morena en Pachuca; sin embargo, hacia 2022, parece complicado frenar a un morenismo que tiraría del cantante Francisco Xavier (otro acusado de violación, como Salgado Macedonio, por cierto), para sacar al tricolor de Hidalgo. Y, en territorio coahuilense y, sobre todo, moreirense, Morena se llevó dos contundentes derrotas, en 2020 y 2021, pese a que, en esta última, echó mano de Antonio Attolini en Torreón y Armando Guadiana en Saltillo. Pero ni así.

Si el PRI deja esas tres gubernaturas, quedará como el PRD. En la política mexicana, tener gubernaturas o, al menos, presidencias municipales relevantes, es fundamental para tener acceso a un caudal grande de dinero público, susceptible de ser robado con el fin de pagar campañas políticas o darles contratos a patrocinadores que luego las paguen. Sin gubernaturas, es mucho más difícil ganar presidencias municipales, diputaciones federales y locales, o senadurías ¿De dónde se pagarían las campañas y, sobre todo, los votos que se compran en las colonias pobres, para ganar tales cargos?

En contraste, el PAN seguirá teniendo dinero de Bimbo, los Claudios o Cinépolis, mientras haga lo que esas empresas y potentados le piden.

En 2022, los panistas se jugarán cuatro gubernaturas: Aguascalientes, Durango, Tamaulipas y Quintana Roo. La que les interesa, Aguascalientes, jamás la perderán a manos de Morena. Y no les importa por su abundante grey católica, sino porque ahí está la planta armadora de Nissan y eso es mucho dinero. Quintana Roo tiene Cancún, pero ahí nunca ganó el PAN, sino el PRD, con quien el azul se alió para llevar al actual gobernador, el ex priista Carlos Joaquín, al poder. No se puede perder lo que jamás fue tuyo. Y Tamaulipas, gracias a los hermanos Cabeza de Vaca (nunca ha calzado mejor un apellido), es un tumor que el PAN estará feliz, tras bambalinas, de extirpar. Un lastre.

El PAN, en 2023, no se juega ninguna gubernatura. Hasta 2024 tendrá que pelear Guanajuato y Yucatán con uñas y dientes...

Por eso, el PRI bien podría negociar su voto a favor de la Reforma Eléctrica a cambio de un tropiezo de Morena en Coahuila, Hidalgo y el Estado de México. Hasta en Coahuila e Hidalgo, nada más. Todos ganan: el presidente saca su Reforma Eléctrica y quema dos fusibles problemáticos, como Francisco Xavier y Armando Guadiana (esos Pandora Papers). "Nos ganaron, compadre". El PRI, por su parte, garantiza dos presupuestos estatales, los únicos que, presumiblemente, le quedarán, hasta el próximo sexenio. 2027 está lejos y el PRI opositor siempre es de vivir al día.

¿Qué mejor que una negociación electrizante para el partidazo? ¿Qué mejor que un voto que le permita acceder al desfibrilador morenista capaz de salvarlo de la muerte? Sin duda, mejor que electrocutarse en aras de una falsa unión con azules y amarillos que, en 2024, podrían enfrentar la silla eléctrica.

Y si no, que le pregunten al recargado Quirino Ordaz, quien, a diario, lejos del infierno enervante de Sinaloa, donde se quedaron sufriendo sus otrora gobernados, mira a la Puerta de Alcalá, cual Carlos III en la prosa de Víctor Manuel

P.D.: Si algo nos pasa, es para silenciarnos

Comentarios: gerardofm2020@gmail.com

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