Marcello Lara integrante de Moderatto y Sergio Arau quien fue fundador del icónico grupo Botellita de Jerez, cambian las guitarras por azúcar, harina y huevos al formar parte de los 12 participantes del reality El gran pastelero. Bake off México. “Mis respetos a quien pensó que dos rockeros podían aportar algo divertido a un programa de cocina”, bromea Marcello al respecto.

El gran pastelero. Bake off México, conducido por Angélica Vale, tiene como jueces a Benito Molina, Paulina Abascal y Jesús Escalera, está basado en el formato inglés The great bake off y reúne 12 competidores: Yuri, Lorena Herrera, Alma Gómez Cositas, Giovanna Romo, Sandra Itzel, Kenia Os, Omar Fierro, Roberto Carlos, Manu NNa, Gabriel Coronel, Sergio Arau y Marcello Lara.

Para los músicos fue sorpresivo encontrarse en el show, aunque son amantes de la repostería, nunca antes se habían aventurado a hornear ellos mismos. Sin embargo, su experiencia como artistas les ayudó a manejar la presión de la competencia.

“Aunque llevas, en mi caso 25 y en el caso de Sergio más de 35 años, de estar en un escenario, pueden pasar muchas cosas. Puedes haber hecho 150 veces el mismo show, y nunca es igual, puedes dar el Juangabrielazo en cualquier momento, pero nuestra profesión nos ayudó a solventar las dificultades con cierta gracia”, comentó Marcello.

Sergio agregó que haber estado en un grupo como Botellita de Jerez, donde “estás acostumbrado a hacer el ridículo”, lo ayudó a desenvolverse con mayor libertad, sin miedo de sufrir una situación bochornosa.

Los nervios se presentaron porque no tenían tanta experiencia en la cocina, como otros participantes, y eso le añadió mayor presión a la competencia. Además, el poco tiempo que les dan para realizar los desafíos fue otro factor a considerar, pues no están acostumbrados a cocinar tan rápido. “Una cosa es hacer hot cakes con huevos estrellados sin presión de tiempo, pero aquí había otros 11 competidores viéndote”, dice Arau.

Algo que ambos destacaron fue el compañerismo que hubo entre los participantes, pues siempre estaban dispuestos a apoyarse cuando alguien tenía dificultades. “La famosa cuarentena se nos vino encima, entonces de alguna forma fue compartir sentimientos, la humanidad era bien gruesa, porque cada vez que alguien le fallaba algo de veras que lo sentías. Te preocupabas y buscabas la manera de ayudarle”.

Y como en todo buen reality, los momentos emotivos están a la orden del día, cada reto venía cargado de un peso emocional capaz de quebrar hasta al más rudo.

Con buen humor reconocieron que sí llegaron a sentirse invadidos por el sentimentalismo, sobre todo por el hecho de venir de una cuarentena que dejó esa parte a flor de piel. Pero al menos para Marcello, romper en llanto nunca fue una opción.

“Más que nada para evitar el oprobio público de que todo se burlaran de que soy chillón”, comenta entre risas. “Soy consumidor de estos programas, y siempre que lo veía con mi esposa decíamos ‘ay qué payaso, por qué llora, si está haciendo un pastel y ya perdió, no pasa nada’. Pero cuando estás en esa dinámica, sí es una inversión anímica muy fuerte”.